viernes, 4 de octubre de 2013
La diferencia nos hace interesantes
Todas las personas tenemos los mismos derechos y los mismos deberes: Derechos Humanos, a la libertad, a la vida, a la salud, a la nacionalidad, entre otras; y, a la vez nos damos cuenta de que gozamos de grandes diferencias: genéticas, físicas, psíquicas, psicológicas, culturales, entre otras.
Estas características particulares que poseemos nos hacen ver como seres únicos. Interesante realidad, a través de la cual nos relacionamos unos con otros. Y, poco a poco, al ir conociéndonos, nos vamos dando cuenta que se van creando lazos afectivos invisibles: de compañerismo, de amistad, de amor. Y, cada uno de nosotros también va demostrando su forma particular de amar.
Nosotros vamos dando un trato especial a cada una de las personas que conocemos o con quienes convivimos. Es allí que surge la comunicación y con ella, el intercambio de palabras, gestos y emociones, siendo una de ellas la más importante: la alegría. Esta es la que nos va a alimentar emocionalmente y, nos va a alentar para seguir adelante y vencer las dificultades que se nos podrían presentar día a día. Por ello, es necesario ver con ojos de esperanza nuestra realidad; así ésta sea adversa.
Recordemos que cuando damos una sonrisa y un abrazo, expresamos palabras amables, no solo estamos manejando nuestro autocontrol emocional para no herir al otro sino también estamos creando nuestro propio espacio de paz interior. El que sonrie regala una sonrisa al otro y a la vez se regala una sonrisa a sí mismo; y, ambos se sienten bien. Estas son actitudes que nos permiten convivir en armonía, crecer y vivir en un clima social y afectivo agradables.
Además, este es el espacio o contexto necesario no solo para la convivencia, sino también, para permitir que se logren en nosotros y en especial, en nuestros niños, niñas, jóvenes y adolescentes, los aprendizajes que se van dando a diario y que son necesarios para alcanzar el éxito y la felicidad, a nivel personal, familiar y social.
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Una realidad que es necesario aprender es la de reconocer las emociones en nosotros mismos y en el rostro de otras personas. Si tuviésemos estos conocimientos, sabríamos cuando callar si el otro está en un momento en que necesita estar solo; y, cuando acercarnos para dar una palabra de aliento o una compañía silenciosa en un momento en que necesita recibir apoyo.
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